Hay gente que con solo decir una palabra enciende la ilusión y los rosales; que con solo sonreír entre los ojos, nos invita a viajar por otros mundos
y permite florecer todas las magias.
Hay gente que con solo dar la mano, rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas; que con solo empuñar una guitarra
te regala una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca, llega hasta los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños, hace cantar el vino en las tinajas.
Y se queda después como si nada.
Y uno se va de novio con la vida, desterrando una muerte solitaria,
pues sabe que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria...
NUEVO ESPACIO PARA COMPARTIR
En esta foto se ven las montañas "abriendo sus puertas" para que entre la ruta y el río juntos al pueblo, quizás el más lindo de la Argentina, colgado al pie de esa piedra impresionante que es el cerro Fitz Roy.
Ese pueblo que nos invita a pasar es El Chaltén, en la patagónica Santa Cruz.
Esta página, es como esa puerta, que permite mirar en el lugar en que subo algunas de las cosas de mi archivo personal, que me acompaña a todas partes. La mayor parte de ellas, pertenecen a otra gente; otras, las menos, son propias.
Algunas, a algunos cercanos a mi vida, a mis afectos. A una parte de ellas, algunos hábiles talentosos les han puesto música.
Otras no la precisan.
Seguiré buscando y subiendo otras cosas por allí, nuevas y no tanto, las que de a poco se irán haciendo mías también.
Espero que las disfruten tanto como las disfruto yo.
Y si quieren subir algún comentario, será bienvenido..!
(rt)
Ese pueblo que nos invita a pasar es El Chaltén, en la patagónica Santa Cruz.
Esta página, es como esa puerta, que permite mirar en el lugar en que subo algunas de las cosas de mi archivo personal, que me acompaña a todas partes. La mayor parte de ellas, pertenecen a otra gente; otras, las menos, son propias.
Algunas, a algunos cercanos a mi vida, a mis afectos. A una parte de ellas, algunos hábiles talentosos les han puesto música.
Otras no la precisan.
Seguiré buscando y subiendo otras cosas por allí, nuevas y no tanto, las que de a poco se irán haciendo mías también.
Espero que las disfruten tanto como las disfruto yo.
Y si quieren subir algún comentario, será bienvenido..!
(rt)
lunes, octubre 25, 2010
sábado, octubre 23, 2010
CUANDO ME AMÉ DE VERDAD, de Charles Chaplin
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto y entonces, pude relajarme.
Hoy sé que eso tiene un nombre: ”Autoestima”
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino una señal de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es: ”Autenticidad”
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver todo lo que acontece, y que contribuye a mi crecimiento.
Hoy eso se llama: ”Madurez”
Cuando me amé de verdad, comencé a percibir cómo es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo
para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento, o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.
para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento, o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.
Hoy sé que el nombre de eso es: ”Respeto”
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas, situaciones, y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó esa actitud egoísmo.
Hoy se llama: ”Amor Propio”
Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre, y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero, y a mi propio ritmo.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero, y a mi propio ritmo.
Hoy sé que eso es: "Simplicidad”
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón, y con eso, erré menos veces.
Hoy descubrí que eso es la: ”Humildad”
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y comencé a preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez.
Y eso se llama: "Plenitud”
Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene un gran y valioso aliado.
Todo eso es…”Saber Vivir”
No debemos tener miedo de confrontarnos: hasta los planetas chocan, y del caos nacen muchas estrellas..!!
Charlot
viernes, octubre 22, 2010
CHILE SIN MAQUILLAJE, de Pablo Sapag
Mal podían los medios internacionales ofrecer una explicación profunda de lo ocurrido en Chile a cuenta de sus 33 mineros.
Convertido ese país desde hace mucho en la historia de éxito de América Latina, gracias a la espiral de silencio y al discurso de su élite blanca y culturalmente europea, el guión periodístico del rescate estaba escrito.
A un final feliz garantizado, por un Gobierno que ante la mínima duda habría sido propagandísticamente menos generoso, sólo podía seguir el tópico con el que desde hace unos años se “analiza” la realidad chilena.
Para esos medios se trata de un rescate ejemplar propio de una sociedad cohesionada, democrática y en imparable ascenso al desarrollo.
Así es porque de Chile poco y nada se sabe porque nada se informa, ya sea por interés económico, ignorancia o prejuicios ideológicos.
Se vuelve a caer así en la trampa de una élite chilena avezada en sepultar la realidad. Un grupo que, además de contar con la connivencia mediática, juega con la ventaja del aislamiento natural del país, y la desorganización de una gran masa mestiza e indígena atomizada e inconsciente, en muchos casos, de su propia condición. Desde hoy, quizás también con eso que Nick Davies llama Flat Earth News, esos fenómenos periodísticos descontextualizados que, lejos de informar, confunden.
Al ver el rescate, un observador más perspicaz se daría cuenta del reparto de roles de un país que se encuentra entre los más desiguales del planeta. Eso explica por qué los mineros son mestizos, mientras que los miembros del Gobierno y los ingenieros a cargo del rescate son blancos y, en muchos casos, de apellidos centroeuropeos: Von Baer, Golborne, Kast, Sougarret, Schmidt, Ravinet, Hinzpeter, Larroulet, Fontaine, Solminhiac, Parot, Mañalich o Weber.
Ese observador perspicaz habría descubierto también que Chile es un país tan proclive al populismo, si no más, como otros de América Latina.
El multimillonario empresario derechista y hoy presidente, Sebastián Piñera, ha dado el golpe a la cátedra con un uso y abuso mediático que, en parte, puede explicar los motivos del indudable coraje político exhibido al asumir el rescate de los mineros, a lo que, por otra parte, lo obligaba la ley.
Su salida no sólo ha descubierto la fisonomía de los mineros a quienes creen que Chile es, racial y étnicamente, como Argentina y Uruguay.
También el populismo paternalista con el que se gobierna Chile desde hace 200 años, un instrumento que en ocasiones, y como demuestra la experiencia latinoamericana, puede ser, si no revolucionario, al menos proclive a los sectores más desfavorecidos.
La versión de Aló Presidente protagonizada por Piñera, casaca roja y apelaciones religiosas incluidas, sólo busca perpetuar el escasamente consensuado orden vigente.
Un modelo impuesto por la dictadura de Pinochet, y en la que el hermano del presidente tuvo mucho que ver como ministro de Minería y Trabajo.
Un modelo que, a 20 años de la salida del poder de Pinochet, se exhibe corregido y aumentado.
Pero nada ha cambiado en un sistema que permite que el 5% de la población concentre el 50% de la riqueza. Por eso las apelaciones de Piñera a una unidad nacional, que todos saben imposible ante semejante desigualdad racial, cultural y económica.
El populismo de Piñera, como antes los de Bachelet –dejó el Gobierno con un 80% de popularidad y su coalición derrotada–, Lagos y el mismísimo Pinochet, muestra la precariedad de la “ejemplar” democracia chilena, esa de la que está excluida de facto un 35% del electorado, incluido el millón de chilenos en el extranjero expulsados por el modelo económico, a quienes nadie rescata ni concede derecho a voto sin cortapisas.
El sistema electoral binominal instaurado por la dictadura, se traduce en el Parlamento en un empate permanente entre centroderecha y centroizquierda. Eso, con una constitución pinochetista todavía en vigor, que exige mayorías imposibles para cambiar un modelo que impone una jornada laboral de 45 horas semanales, y limita la sindicalización. Por eso los sindicatos apenas han tenido protagonismo en este episodio. En esas circunstancias, la impotencia de los partidos y otras instituciones es evidente, como también lo es el desinterés de la población por la política.
En Chile todo el mundo sabe que el poder recae en el presidente, más aún si este pertenece a la todopoderosa oligarquía empresarial. Piñera, cuya psicología lo hace buscar el reconocimiento a cualquier precio, ha entendido que en esas circunstancias el populismo es su mejor aliado. Coincidiendo con el derrumbe de la mina, Piñera revocó la autorización de un organismo público a la empresa francesa GDF Suez para construir una central térmica. Por razones de imagen se saltaba así la legislación ambiental de un país que presume de seguridad jurídica.
La única diferencia con otros casos latinoamericanos muy criticados por el consenso neoliberal, es que Piñera y su Gobierno son blancos y, para lo que les interesa –lo del Estado del bienestar no va con ellos–, culturalmente europeos. Poco más, porque en realidad su país es, desde la perspectiva europea del término, tan latinoamericano como los demás.
Al fin y al cabo, la tragedia de la mina San José –imposible en otras latitudes donde se cumplen los protocolos de seguridad de la OIT– se ha convertido en un nuevo ejercicio de Flat Earth News, gracias a los elementos de realismo mágico que la rodean, brutal día a día, de una mayoría de chilenos que, en otras circunstancias, jamás son noticia o icono propagandístico.
Convertido ese país desde hace mucho en la historia de éxito de América Latina, gracias a la espiral de silencio y al discurso de su élite blanca y culturalmente europea, el guión periodístico del rescate estaba escrito.
A un final feliz garantizado, por un Gobierno que ante la mínima duda habría sido propagandísticamente menos generoso, sólo podía seguir el tópico con el que desde hace unos años se “analiza” la realidad chilena.
Para esos medios se trata de un rescate ejemplar propio de una sociedad cohesionada, democrática y en imparable ascenso al desarrollo.
Así es porque de Chile poco y nada se sabe porque nada se informa, ya sea por interés económico, ignorancia o prejuicios ideológicos.
Se vuelve a caer así en la trampa de una élite chilena avezada en sepultar la realidad. Un grupo que, además de contar con la connivencia mediática, juega con la ventaja del aislamiento natural del país, y la desorganización de una gran masa mestiza e indígena atomizada e inconsciente, en muchos casos, de su propia condición. Desde hoy, quizás también con eso que Nick Davies llama Flat Earth News, esos fenómenos periodísticos descontextualizados que, lejos de informar, confunden.
Al ver el rescate, un observador más perspicaz se daría cuenta del reparto de roles de un país que se encuentra entre los más desiguales del planeta. Eso explica por qué los mineros son mestizos, mientras que los miembros del Gobierno y los ingenieros a cargo del rescate son blancos y, en muchos casos, de apellidos centroeuropeos: Von Baer, Golborne, Kast, Sougarret, Schmidt, Ravinet, Hinzpeter, Larroulet, Fontaine, Solminhiac, Parot, Mañalich o Weber.
Ese observador perspicaz habría descubierto también que Chile es un país tan proclive al populismo, si no más, como otros de América Latina.
El multimillonario empresario derechista y hoy presidente, Sebastián Piñera, ha dado el golpe a la cátedra con un uso y abuso mediático que, en parte, puede explicar los motivos del indudable coraje político exhibido al asumir el rescate de los mineros, a lo que, por otra parte, lo obligaba la ley.
Su salida no sólo ha descubierto la fisonomía de los mineros a quienes creen que Chile es, racial y étnicamente, como Argentina y Uruguay.
También el populismo paternalista con el que se gobierna Chile desde hace 200 años, un instrumento que en ocasiones, y como demuestra la experiencia latinoamericana, puede ser, si no revolucionario, al menos proclive a los sectores más desfavorecidos.
La versión de Aló Presidente protagonizada por Piñera, casaca roja y apelaciones religiosas incluidas, sólo busca perpetuar el escasamente consensuado orden vigente.
Un modelo impuesto por la dictadura de Pinochet, y en la que el hermano del presidente tuvo mucho que ver como ministro de Minería y Trabajo.
Un modelo que, a 20 años de la salida del poder de Pinochet, se exhibe corregido y aumentado.
Pero nada ha cambiado en un sistema que permite que el 5% de la población concentre el 50% de la riqueza. Por eso las apelaciones de Piñera a una unidad nacional, que todos saben imposible ante semejante desigualdad racial, cultural y económica.
El populismo de Piñera, como antes los de Bachelet –dejó el Gobierno con un 80% de popularidad y su coalición derrotada–, Lagos y el mismísimo Pinochet, muestra la precariedad de la “ejemplar” democracia chilena, esa de la que está excluida de facto un 35% del electorado, incluido el millón de chilenos en el extranjero expulsados por el modelo económico, a quienes nadie rescata ni concede derecho a voto sin cortapisas.
El sistema electoral binominal instaurado por la dictadura, se traduce en el Parlamento en un empate permanente entre centroderecha y centroizquierda. Eso, con una constitución pinochetista todavía en vigor, que exige mayorías imposibles para cambiar un modelo que impone una jornada laboral de 45 horas semanales, y limita la sindicalización. Por eso los sindicatos apenas han tenido protagonismo en este episodio. En esas circunstancias, la impotencia de los partidos y otras instituciones es evidente, como también lo es el desinterés de la población por la política.
En Chile todo el mundo sabe que el poder recae en el presidente, más aún si este pertenece a la todopoderosa oligarquía empresarial. Piñera, cuya psicología lo hace buscar el reconocimiento a cualquier precio, ha entendido que en esas circunstancias el populismo es su mejor aliado. Coincidiendo con el derrumbe de la mina, Piñera revocó la autorización de un organismo público a la empresa francesa GDF Suez para construir una central térmica. Por razones de imagen se saltaba así la legislación ambiental de un país que presume de seguridad jurídica.
La única diferencia con otros casos latinoamericanos muy criticados por el consenso neoliberal, es que Piñera y su Gobierno son blancos y, para lo que les interesa –lo del Estado del bienestar no va con ellos–, culturalmente europeos. Poco más, porque en realidad su país es, desde la perspectiva europea del término, tan latinoamericano como los demás.
Al fin y al cabo, la tragedia de la mina San José –imposible en otras latitudes donde se cumplen los protocolos de seguridad de la OIT– se ha convertido en un nuevo ejercicio de Flat Earth News, gracias a los elementos de realismo mágico que la rodean, brutal día a día, de una mayoría de chilenos que, en otras circunstancias, jamás son noticia o icono propagandístico.
Pablo Sapag M. es profesor e investigador de la Universidad Complutense de Madrid
viernes, octubre 15, 2010
JOSÉ SARAMAGO, EN TRES FRASES
"Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre, y eso es lo que realmente somos..."
"No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos, estoy a salvo de ser intolerante.
Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo.
Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia.
En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros.
Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar.
No creo en dios, no lo necesito, y además, soy una buena persona"
"El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia"
"No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos, estoy a salvo de ser intolerante.
Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo.
Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia.
En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros.
Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar.
No creo en dios, no lo necesito, y además, soy una buena persona"
"El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia"
martes, octubre 12, 2010
TENGO, de Nicolás Guillén
Cuando me veo y toco, yo, Juan sin Nada no más ayer, y hoy Juan con Todo,
y hoy con todo, vuelvo los ojos, miro, me veo, y toco,
y me pregunto cómo ha podido ser.
Tengo, vamos a ver, tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él, mirando bien de cerca lo que antes no tuve ni podía tener.
Zafra puedo decir, monte puedo decir, ciudad puedo decir, ejército decir,
ya míos para siempre, y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor de rayo, estrella, flor.
Tengo, vamos a ver, tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir (es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés, no en señor,
sino decirle compañero como se dice en español.
Tengo, vamos a ver, que siendo un negro
nadie me puede detener a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.
Tengo, vamos a ver, que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.
Tengo, que como tengo la tierra, tengo el mar,
no country, no jailáif, no tennis y no yatch,
sino de playa en playa, y ola en ola,
gigante azul abierto democrático: en fin, el mar.
Tengo, vamos a ver, que ya aprendí a leer,
a contar, tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar, y a reír.
Tengo que ya tengo donde trabajar y ganar
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver, tengo lo que tenía que tener.
y hoy con todo, vuelvo los ojos, miro, me veo, y toco,
y me pregunto cómo ha podido ser.
Tengo, vamos a ver, tengo el gusto de andar por mi país,
dueño de cuanto hay en él, mirando bien de cerca lo que antes no tuve ni podía tener.
Zafra puedo decir, monte puedo decir, ciudad puedo decir, ejército decir,
ya míos para siempre, y tuyos, nuestros,
y un ancho resplandor de rayo, estrella, flor.
Tengo, vamos a ver, tengo el gusto de ir
yo, campesino, obrero, gente simple,
tengo el gusto de ir (es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés, no en señor,
sino decirle compañero como se dice en español.
Tengo, vamos a ver, que siendo un negro
nadie me puede detener a la puerta de un dancing o de un bar.
O bien en la carpeta de un hotel gritarme que no hay pieza,
una mínima pieza y no una pieza colosal,
una pequeña pieza donde yo pueda descansar.
Tengo, vamos a ver, que no hay guardia rural
que me agarre y me encierre en un cuartel,
ni me arranque y me arroje de mi tierra
al medio del camino real.
Tengo, que como tengo la tierra, tengo el mar,
no country, no jailáif, no tennis y no yatch,
sino de playa en playa, y ola en ola,
gigante azul abierto democrático: en fin, el mar.
Tengo, vamos a ver, que ya aprendí a leer,
a contar, tengo que ya aprendí a escribir
y a pensar, y a reír.
Tengo que ya tengo donde trabajar y ganar
lo que me tengo que comer.
Tengo, vamos a ver, tengo lo que tenía que tener.
ÓLEO DE MUJER CON SOMBRERO, de Silvio Rodríguez
Una mujer se ha perdido conocer el delirio y el polvo, se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar, se ha perdido mi huella en su mar.
Veo una luz que vacila y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna, con otra figura que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló. Veo más: veo que se perdió.
La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes.
los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.
Una mujer innombrable huye como una gaviota, y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor, que le puedo cantar su canción.
Una mujer con sombrero, como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo, y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí, y ahora lloro por verla morir.
su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar, se ha perdido mi huella en su mar.
Veo una luz que vacila y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna, con otra figura que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló. Veo más: veo que se perdió.
La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes.
los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.
Una mujer innombrable huye como una gaviota, y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor, que le puedo cantar su canción.
Una mujer con sombrero, como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo, y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí, y ahora lloro por verla morir.
YO PISARÉ LAS CALLES NUEVAMENTE, de Pablo Milanés
Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes.
Yo vendré del desierto calcinante y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago, a mis hermanos que murieron antes.
Yo unido al que hizo mucho y poco, al que quiere la patria liberada,
dispararé de las primeras balas, más temprano que tarde sin reposo.
Retornarán los libros, las canciones, que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina y pagarán su culpa los traidores.
Un niño jugará en una alameda y cantará con sus amigos nuevos,
y ese canto será el canto del suelo a una vida segada en La Moneda.
Yo vendré del desierto calcinante y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago, a mis hermanos que murieron antes.
Yo unido al que hizo mucho y poco, al que quiere la patria liberada,
dispararé de las primeras balas, más temprano que tarde sin reposo.
Retornarán los libros, las canciones, que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina y pagarán su culpa los traidores.
Un niño jugará en una alameda y cantará con sus amigos nuevos,
y ese canto será el canto del suelo a una vida segada en La Moneda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)