Digo, bah...
Parque Patricios es un barrio viejo, un poco sombrío.
Por más que el sol se esfuerce esta tarde, por darle brillo al gris apagado y oscuro de tanto revoque gastado, con vestigios de pinturas lejanas.
Por todas partes hay viejos y enormes galpones, depósitos, talleres, con cortinas tan onduladas como oxidadas, que nos hablan de grandes camiones; y algunos tipos con máquinas, y otros que hacen fuerza cargando bultos.
Esfuerzo, sudor, trabajo pesado: lugares donde se tiene poco tiempo para pensar en el lugar donde uno se pasa la mayor parte del día, pueden también ser lugares agradables.
Parque Patricios tiene muchas paredes donde predominan, sobre el tapizado original, gastado y grisáceo, los colores blanco y rojo: es el barrio del Globo.
Es el barrio que se guarda para los domingos (entiéndase bien: los domingos..!) la fiesta que produce alegría en el encuentro con los otros, los que se reconocen en esos colores, allá arriba, en el cemento del Ducó: para disfrutar, para alegrarse, para llenar los huecos que dejan libres en la panza, los ravioles que se mandaron al buche medio a las apuradas, en la misa de la reunión familiar.
Llenarlos con fútbol, claro: con qué si no..?
Yo vengo de otro barrio, casi de otro mundo comparado con este paisaje.
Vengo de un lugar un poco más pretencioso, con aires del que pelechó y ahora quiere un poco más de color y de luz, de pilchas bacanas, y casitas con jardines y flores de color.
No importa. Uno siempre sabe de dónde viene y adónde pertenece.
Sabe cuál es su lugar. Siempre.
Cuando no se ubica como corresponde, se nota. No tiene remedio.
Pero en ése, mi barrio, los colores son los mismos. Por eso me siento, digamos, un tanto cómodo. No hay renuncio..
Sé que estoy de visita; y como visita que soy, miro las cosas que me rodean con curiosidad, con cuidado, con respeto. Los que son de acá, ni las miran: las ven todos los días. O casi.
Pero yo no. Yo miro y me detengo en todo lo que puedo.
Veo a ese viejito (más viejo que yo, que ya pasé los 50 hace rato...) de pantalón de franela gris, pulovercito celeste escote en V, los timbos de ir a la cancha, y el gorrito del Globo, sin más ni más.
Espera a alguien con quien se irá para el Ducó, como siempre, buscando un día de alegría. Uno más...
El otro llega al rato, se saludan, y a caminar por Luna hacia el sur.
Y veo muchas pibas.
Es algo a lo que no me acostumbro. Ya estoy mayor para esto, que se da en todos los sitios: de la escuela al laburo, de la fábrica al boliche de ropa. Las pibas están mezcladas en las cosas que hacen los pibes. Los igualan.
Antes no era así: nosotros, los varones, jugábamos a la pelota, y las nenas al elástico o a la rayuela. O a las muñecas, haciendo proyecto de madres.
Ahora las pibas se incorporaron a la cancha. Hablan como los pibes, putean como los pibes, se agarran a trompadas como los pibes.
Será mejor así..? No estoy seguro. Y seguro que a nadie le importa, pero es así.
Las pibas se enfundan en la camiseta del Globo: van de la mano del novio, con los hermanos, con el padre. Y también con la madre, que no ni no..! al decir charrúa...
Convengamos que las camisetas de ahora son más lindas que las de piqué que usábamos (milagro mediante) cuando éramos tan pibes como ellas. Hay modelos de variados sponsors y colores básicos, que les quedan bien con el jean, que sigue dominando la escena juvenil. La azul me parece hermosa, también, tanto como quien la lleva puesta.
Los pibes, pelo más, pelo menos, son más o menos iguales que siempre.
Los viejos, los que salieron del modelo clásico del viejito que esperaba en la esquina, han añadido la zapatilla pero no mucho más, al modelo que podría ser el de mi viejo, cuando me llevaba a dar mis primeros gritos de gol en el Monumental.
Pero hay algo en el aire que se ve, que se percibe, que se siente, que se les adivina en el gesto a todos.
Están contentos, se sonríen..!!
Hay algo que les dice, desde muy adentro, que la van a pasar bien.
Que el domingo será un día lo suficientemente bueno como para resistir la semana que empieza el lunes en el laburo.
Eso: resistir. De eso se trata.
Porque cuando la cosa vino mala, era complicado resistir.
Los muchachos que se ponían la camiseta del Globo no eran muy dotados, ni tenían mucho más que algún destello de mucho empeño y voluntad, pero todos sabemos que eso no se puede sosterner en el tiempo como único argumento para componer un presente de felicidad.
Nadie es feliz con solo quererlo.
Y resultó que un buen día llegó Angelito, como le dicen en el Ducó, de tanto cariño que le tomaron.
Y al tal Angelito le gustaba que al fútbol se jugara de una manera que alguna vez el viejito del pullover escote en V se acordaba que había visto en el Ducó, hace más de 30 años. Y para colmo, al lado de Angelito estaba uno de esos sinvergüenzas que le alegraron tantas tardes al viejito.
Y el presi también: el Inglés..!
Mucho, no..?
Y a Angelito las cosas buenas le pasaron tan de golpe que ni él lo puede creer, aunque no deje de sentirse tan feliz por eso.
Porque ve feliz a la gente, y él sabe que eso no se paga con nada.
Y seguro que se muere de ganas de subirse al paravalanchas a gritar por Mario, por el caradura cordobés que la pisa y tira caños contra la raya, por el enano que parece una lagartija adentro del área, camino al gol. Y también por el grandote durísimo que allá adelante hace un laburo tan importante (y que tan poco se ve..!) pero que a los otros tanto les sirve. Algún gol también le sale.
Y el partido que veo, en este domingo que me convierto en visita en casa ajena, me hace feliz como a ellos. Lo disfruto como hace rato no me pasa con los de mi barrio.
No tengo dudas que algún día volverá a suceder por mi casa y por mi barrio: las escuelas no desaparecen.
Ya vendrán otros a llenarnos los ojos y el alma.
Pero hoy, aquí, en Parque Patricios, los miles que me acompañan en la visita, tienen alegría en el rostro. En algún momento les da miedo ser felices, porque nadie quiere que la felicidad se termine, y cuando se les acercan en el resultado, alguna tímida voz se hace oír pidiendo la hora. Pero es uno solo, no hace nada...
Cuando todo termina, la gente se va despacito, como queriendo que no se acabe. Es como en aquéllas películas del cine en continuado, que cuando la peli te había gustado mucho, querías entrar de nuevo para seguir disfrutando.
La ceremonia duró poco más de dos horas, pero lo que todos se llevan del Ducó es la batería cargada para seguir resistiendo.
A la pelota se juega así.
Gracias muchachos, por cerrarles la boca a tanto pavote que nos quiere engañar con que lo único importante es ganar, sumar o salvarse del descenso.
Esos idiotas dicen que nadie se acuerda del segundo.
Pobres: de Holanda del 74 y 78, que no ganaron nada, NADIE se olvida. Del Perú que nos dejó afuera de México ´70 tampoco (perdieron 4-2 con Brasil, el campeón...)
Lo que nosotros no nos olvidamos, es la calaña de los que inventaron ese discurso imbécil. No es casual que hayan sido tan rústicos para jugar a la pelota: del Deportivo Español del que salió el bicho de la nariz grande (ni lo quiero nombrar), la gente sí se acuerda de algunos jugadores: Rudzky, el Toti Veglio, Valledor.
De él no. Y si se acuerdan, no es por lo bien que jugara.
Aunque ganara.
La gente no se olvida de quienes los hacen felicies.
Y yo tampoco me voy a olvidar de este domingo.
Gracias Cappa, Angelito..!
Gracias Globo..!
NUEVO ESPACIO PARA COMPARTIR
En esta foto se ven las montañas "abriendo sus puertas" para que entre la ruta y el río juntos al pueblo, quizás el más lindo de la Argentina, colgado al pie de esa piedra impresionante que es el cerro Fitz Roy.
Ese pueblo que nos invita a pasar es El Chaltén, en la patagónica Santa Cruz.
Esta página, es como esa puerta, que permite mirar en el lugar en que subo algunas de las cosas de mi archivo personal, que me acompaña a todas partes. La mayor parte de ellas, pertenecen a otra gente; otras, las menos, son propias.
Algunas, a algunos cercanos a mi vida, a mis afectos. A una parte de ellas, algunos hábiles talentosos les han puesto música.
Otras no la precisan.
Seguiré buscando y subiendo otras cosas por allí, nuevas y no tanto, las que de a poco se irán haciendo mías también.
Espero que las disfruten tanto como las disfruto yo.
Y si quieren subir algún comentario, será bienvenido..!
(rt)
Ese pueblo que nos invita a pasar es El Chaltén, en la patagónica Santa Cruz.
Esta página, es como esa puerta, que permite mirar en el lugar en que subo algunas de las cosas de mi archivo personal, que me acompaña a todas partes. La mayor parte de ellas, pertenecen a otra gente; otras, las menos, son propias.
Algunas, a algunos cercanos a mi vida, a mis afectos. A una parte de ellas, algunos hábiles talentosos les han puesto música.
Otras no la precisan.
Seguiré buscando y subiendo otras cosas por allí, nuevas y no tanto, las que de a poco se irán haciendo mías también.
Espero que las disfruten tanto como las disfruto yo.
Y si quieren subir algún comentario, será bienvenido..!
(rt)
viernes, julio 23, 2010
Se nos fue Cachito...!, (carta de Raúl Tellechea a Mario Corbi)
Qué se yó...! Es difícil.
No hay día que no me acuerde de él. Ni quiero dejar de acordarme.
Pero no quiero ponerme mal al acordarme.
Sé que lo necesito y me duele el agujero que dejó.
Pero también sé que no quiero por nada del mundo, recordarlo con dolor.
La vida es esto que tenemos. O que se nos da, vaya uno a saber. Y dura un rato. Más corto o más largo, pero un rato.
Y el de Cacho fue un poco más corto que el nuestro.
No quiero dejar de valorar en su justa medida que fui amigo de él durante 35 años.
Que no son poca cosa, me parece.
Quizás a veces más lejos, y a veces más cerca.
Pero siempre nos sabíamos ahí, cerquita.
Nunca fue tan intenso como el que tuvo con vos, ni como el de Bruno conmigo.
Pero fue como fue, y soy feliz que haya sido.
Hoy lo extraño. Cómo no extrañarlo???!!!
Estaba al lado nuestro, en el detalle, hasta en la pequeñez si se quiere, pero siempre haciéndonos saber que estaba con uno. Hasta te diría, sin dudar, que cuidándonos, como nuestro médico de cabecera.
Eso: era nuestro médico de cabecera...!
Cualquier otro tordo podría decirnos cualquier diagnóstico de lo que fuera, pero eso empezaba a cobrar valor real una vez que lo avalaba o no, Cachito.
No es así..?
Y bueno, entonces era importante para nosotros que él estuviera.
Pero ahora se fue.
Y nos dejó un poco más solos.
No porque solamente lo necesitáramos para consultarlo, sino para acompañarnos. para sentirlo "ahí"...
Le debe estar rompiendo las pelotas a todas las enfermeras del cielo, el muy hijo de puta.
Pero siempre con esa risotada contagiosa.
Hoy, hasta San Pedro debe andar con el culo contra la pared...
Nos va a estar esperando con la mesa de póquer, la compu, los mp3 y el corazón abierto, como siempre.
El año que pasó, había andao bien, pero se desbarrancó al final...
Se fueron mi vieja y Cachito.
La vieja, quiero creer que quería volver a estar con el viejo, que ya estaba aburrida de estar acá, entre nosotros.
Lo de Cacho no tiene explicación. No la voy a buscar porque no la voy a encontrar.
Si puedo ser conciente de lo mucho y bueno que viví siendo su amigo.
Y eso, no nos lo saca nadie
Por eso, tanto como por eso, soy feliz.
Te mando un abrazo y te quiero mucho.
No hay día que no me acuerde de él. Ni quiero dejar de acordarme.
Pero no quiero ponerme mal al acordarme.
Sé que lo necesito y me duele el agujero que dejó.
Pero también sé que no quiero por nada del mundo, recordarlo con dolor.
La vida es esto que tenemos. O que se nos da, vaya uno a saber. Y dura un rato. Más corto o más largo, pero un rato.
Y el de Cacho fue un poco más corto que el nuestro.
No quiero dejar de valorar en su justa medida que fui amigo de él durante 35 años.
Que no son poca cosa, me parece.
Quizás a veces más lejos, y a veces más cerca.
Pero siempre nos sabíamos ahí, cerquita.
Nunca fue tan intenso como el que tuvo con vos, ni como el de Bruno conmigo.
Pero fue como fue, y soy feliz que haya sido.
Hoy lo extraño. Cómo no extrañarlo???!!!
Estaba al lado nuestro, en el detalle, hasta en la pequeñez si se quiere, pero siempre haciéndonos saber que estaba con uno. Hasta te diría, sin dudar, que cuidándonos, como nuestro médico de cabecera.
Eso: era nuestro médico de cabecera...!
Cualquier otro tordo podría decirnos cualquier diagnóstico de lo que fuera, pero eso empezaba a cobrar valor real una vez que lo avalaba o no, Cachito.
No es así..?
Y bueno, entonces era importante para nosotros que él estuviera.
Pero ahora se fue.
Y nos dejó un poco más solos.
No porque solamente lo necesitáramos para consultarlo, sino para acompañarnos. para sentirlo "ahí"...
Le debe estar rompiendo las pelotas a todas las enfermeras del cielo, el muy hijo de puta.
Pero siempre con esa risotada contagiosa.
Hoy, hasta San Pedro debe andar con el culo contra la pared...
Nos va a estar esperando con la mesa de póquer, la compu, los mp3 y el corazón abierto, como siempre.
El año que pasó, había andao bien, pero se desbarrancó al final...
Se fueron mi vieja y Cachito.
La vieja, quiero creer que quería volver a estar con el viejo, que ya estaba aburrida de estar acá, entre nosotros.
Lo de Cacho no tiene explicación. No la voy a buscar porque no la voy a encontrar.
Si puedo ser conciente de lo mucho y bueno que viví siendo su amigo.
Y eso, no nos lo saca nadie
Por eso, tanto como por eso, soy feliz.
Te mando un abrazo y te quiero mucho.
lunes, julio 19, 2010
A JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS
Nuestra región es el reino de las paradojas.
Brasil, pongamos por caso: paradójicamente, el Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más altas hermosuras del arte de la época colonial; paradójicamente, Garrincha, arruinado desde la infancia por la miseria y la poliomielitis, nacido para la desdicha, fue el jugador que más alegría ofreció en toda la historia del fútbol; y paradójicamente, ya ha cumplido cien años de edad Oscar Niemeyer, que es el más nuevo de los arquitectos y el más joven de los brasileños.
O pongamos por caso, Bolivia: en 1978, cinco mujeres voltearon una dictadura militar. Paradójicamente, toda Bolivia se burló de ellas cuando iniciaron su huelga de hambre. Paradójicamente, toda Bolivia terminó ayunando con ellas, hasta que la dictadura cayó.
Yo había conocido a una de esas cinco porfiadas, Domitila Barrios, en el pueblo minero de Llallagua. En una asamblea de obreros de las minas, todos hombres, ella se había alzado y había hecho callar a todos.
“Quiero decirles estito –había dicho-. Nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesía, ni la burocracia.
Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro”
Y años después, reencontré a Domitila en Estocolmo.
La habían echado de Bolivia, y ella había marchado al exilio, con sus siete hijos.
Domitila estaba muy agradecida de la solidaridad de los suecos, y les admiraba la libertad, pero ellos le daban pena, tan solitos que estaban, bebiendo solos, comiendo solos, hablando solos.
Y les daba consejos:
“No sean bobos –les decía-.
Júntense.
Nosotros, allá en Bolivia, nos juntamos.
Aunque sea para pelearnos, nos juntamos”
Y cuánta razón tenía…
Porque, digo yo:
¿existen los dientes, si no se juntan en la boca? ¿existen los dedos, si no se juntan en la mano?Juntarnos: y no sólo para defender el precio de nuestros productos, sino también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos.
Bien juntos están, aunque de vez en cuando simulen riñas y disputas, los pocos países ricos que ejercen la arrogancia sobre todos los demás.
Su riqueza come pobreza, y su arrogancia come miedo.
Hace bien poquito, pongamos por caso, Europa aprobó la ley que convierte a los inmigrantes en criminales.
Paradoja de paradojas: Europa, que durante siglos ha invadido el mundo, cierra la puerta en las narices de los invadidos, cuando le retribuyen la visita.
Y esa ley se ha promulgado con una asombrosa impunidad, que resultaría inexplicable si no estuviéramos acostumbrados a ser comidos y a vivir con miedo.Miedo de vivir, miedo de decir, miedo de ser.
Esta región nuestra forma parte de una América Latina organizada para el divorcio de sus partes, para el odio mutuo y la mutua ignorancia.
Pero sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos, a escupir al espejo, a copiar en lugar de crear.
Todo a lo largo de la primera mitad del siglo diecinueve, un venezolano llamado Simón Rodríguez anduvo por los caminos de nuestra América, a lomo de mula, desafiando a los nuevos dueños del poder:
“Ustedes –clamaba don Simón-, ustedes que tanto imitan a los europeos, ¿por qué no les imitan lo más importante, que es la originalidad?”Paradójicamente, era escuchado por nadie este hombre que tanto merecía ser escuchado. Paradójicamente, lo llamaban loco, porque cometía la cordura de creer que debemos pensar con nuestra propia cabeza, porque cometía la cordura de proponer una educación para todos y una América de todos, y decía que al que no sabe, cualquiera lo engaña y al que no tiene, cualquiera lo compra, y porque cometía la cordura de dudar de la independencia de nuestros países recién nacidos:“No somos dueños de nosotros mismos - decía - Somos independientes, pero no somos libres.”Quince años después de la muerte del loco Rodríguez, Paraguay fue exterminado.
El único país hispanoamericano de veras libre fue paradójicamente asesinado en nombre de la libertad.
Paraguay no estaba preso en la jaula de la deuda externa, porque no debía un centavo a nadie, y no practicaba la mentirosa libertad de comercio, que nos imponía y nos impone una economía de importación, y una cultura de impostación.Paradójicamente, al cabo de cinco años de guerra feroz, entre tanta muerte sobrevivió el origen. Según la más antigua de sus tradiciones, los paraguayos habían nacido de la lengua que los nombró, y entre las ruinas humeantes sobrevivió esa lengua sagrada, la lengua primera, la lengua guaraní. Y en guaraní hablan todavía los paraguayos a la hora de la verdad, que es la hora del amor y del humor.
En guaraní, ñe'é significa palabra y también significa alma.
Quien miente la palabra, traiciona el alma.Si te doy mi palabra, me doy.
Un siglo después de la guerra del Paraguay, un presidente de Chile dio su palabra, y se dio.
Los aviones escupían bombas sobre el palacio de gobierno, también ametrallado por las tropas de tierra. Él había dicho:
“Yo de aquí no salgo vivo.”
En la historia latinoamericana, es una frase frecuente. La han pronunciado unos cuantos presidentes que después han salido vivos, para seguir pronunciándola. Pero esa bala no mintió.
La bala de Salvador Allende no mintió.Paradójicamente, una de las principales avenidas de Santiago de Chile se llama, todavía, Once de Setiembre. Y no se llama así por las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York. No. Se llama así en homenaje a los verdugos de la democracia en Chile.
Con todo respeto por ese país que amo, me atrevo a preguntar, por puro sentido común: ¿No sería hora de cambiarle el nombre?
¿No sería hora de llamarla Avenida Salvador Allende, en homenaje a la dignidad de la democracia y a la dignidad de la palabra?
Nota: Allende se suicidó sin entregarse.
Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo?
Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.
Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía?
¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?
Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias. Pero quiero culminar este viajecito por las tierras de la región, evocando a un hombre nacido, como yo, por aquí cerquita.
Nota: Galeano es uruguayo como Artigas, a quién se refiere.
Paradójicamente, él murió hace un siglo y medio pero sigue siendo mi compatriota más peligroso. Tan peligroso es que la dictadura militar del Uruguay no pudo encontrar ni una sola frase suya que no fuera subversiva, y tuvo que decorar con fechas y nombres de batallas el mausoleo que erigió para ofender su memoria.A él, que se negó a aceptar que nuestra patria grande se rompiera en pedazos; a él, que se negó a aceptar que la independencia de América fuera una emboscada contra sus hijos más pobres, a él, que fue el verdadero primer ciudadano ilustre de la región, dedico esta distinción, que recibo en su nombre.
Y termino con palabras que le escribí hace algún tiempo:
“1820, Paso del Boquerón.
Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio.
Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto, y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.
Usted no dice adiós a su tierra: Ella no se lo creería.
O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.
Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido.
Y su tierra se queda sin aliento.”
¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda? Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta.
Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.
Brasil, pongamos por caso: paradójicamente, el Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más altas hermosuras del arte de la época colonial; paradójicamente, Garrincha, arruinado desde la infancia por la miseria y la poliomielitis, nacido para la desdicha, fue el jugador que más alegría ofreció en toda la historia del fútbol; y paradójicamente, ya ha cumplido cien años de edad Oscar Niemeyer, que es el más nuevo de los arquitectos y el más joven de los brasileños.
O pongamos por caso, Bolivia: en 1978, cinco mujeres voltearon una dictadura militar. Paradójicamente, toda Bolivia se burló de ellas cuando iniciaron su huelga de hambre. Paradójicamente, toda Bolivia terminó ayunando con ellas, hasta que la dictadura cayó.
Yo había conocido a una de esas cinco porfiadas, Domitila Barrios, en el pueblo minero de Llallagua. En una asamblea de obreros de las minas, todos hombres, ella se había alzado y había hecho callar a todos.
“Quiero decirles estito –había dicho-. Nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesía, ni la burocracia.
Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro”
Y años después, reencontré a Domitila en Estocolmo.
La habían echado de Bolivia, y ella había marchado al exilio, con sus siete hijos.
Domitila estaba muy agradecida de la solidaridad de los suecos, y les admiraba la libertad, pero ellos le daban pena, tan solitos que estaban, bebiendo solos, comiendo solos, hablando solos.
Y les daba consejos:
“No sean bobos –les decía-.
Júntense.
Nosotros, allá en Bolivia, nos juntamos.
Aunque sea para pelearnos, nos juntamos”
Y cuánta razón tenía…
Porque, digo yo:
¿existen los dientes, si no se juntan en la boca? ¿existen los dedos, si no se juntan en la mano?Juntarnos: y no sólo para defender el precio de nuestros productos, sino también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos.
Bien juntos están, aunque de vez en cuando simulen riñas y disputas, los pocos países ricos que ejercen la arrogancia sobre todos los demás.
Su riqueza come pobreza, y su arrogancia come miedo.
Hace bien poquito, pongamos por caso, Europa aprobó la ley que convierte a los inmigrantes en criminales.
Paradoja de paradojas: Europa, que durante siglos ha invadido el mundo, cierra la puerta en las narices de los invadidos, cuando le retribuyen la visita.
Y esa ley se ha promulgado con una asombrosa impunidad, que resultaría inexplicable si no estuviéramos acostumbrados a ser comidos y a vivir con miedo.Miedo de vivir, miedo de decir, miedo de ser.
Esta región nuestra forma parte de una América Latina organizada para el divorcio de sus partes, para el odio mutuo y la mutua ignorancia.
Pero sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos, a escupir al espejo, a copiar en lugar de crear.
Todo a lo largo de la primera mitad del siglo diecinueve, un venezolano llamado Simón Rodríguez anduvo por los caminos de nuestra América, a lomo de mula, desafiando a los nuevos dueños del poder:
“Ustedes –clamaba don Simón-, ustedes que tanto imitan a los europeos, ¿por qué no les imitan lo más importante, que es la originalidad?”Paradójicamente, era escuchado por nadie este hombre que tanto merecía ser escuchado. Paradójicamente, lo llamaban loco, porque cometía la cordura de creer que debemos pensar con nuestra propia cabeza, porque cometía la cordura de proponer una educación para todos y una América de todos, y decía que al que no sabe, cualquiera lo engaña y al que no tiene, cualquiera lo compra, y porque cometía la cordura de dudar de la independencia de nuestros países recién nacidos:“No somos dueños de nosotros mismos - decía - Somos independientes, pero no somos libres.”Quince años después de la muerte del loco Rodríguez, Paraguay fue exterminado.
El único país hispanoamericano de veras libre fue paradójicamente asesinado en nombre de la libertad.
Paraguay no estaba preso en la jaula de la deuda externa, porque no debía un centavo a nadie, y no practicaba la mentirosa libertad de comercio, que nos imponía y nos impone una economía de importación, y una cultura de impostación.Paradójicamente, al cabo de cinco años de guerra feroz, entre tanta muerte sobrevivió el origen. Según la más antigua de sus tradiciones, los paraguayos habían nacido de la lengua que los nombró, y entre las ruinas humeantes sobrevivió esa lengua sagrada, la lengua primera, la lengua guaraní. Y en guaraní hablan todavía los paraguayos a la hora de la verdad, que es la hora del amor y del humor.
En guaraní, ñe'é significa palabra y también significa alma.
Quien miente la palabra, traiciona el alma.Si te doy mi palabra, me doy.
Un siglo después de la guerra del Paraguay, un presidente de Chile dio su palabra, y se dio.
Los aviones escupían bombas sobre el palacio de gobierno, también ametrallado por las tropas de tierra. Él había dicho:
“Yo de aquí no salgo vivo.”
En la historia latinoamericana, es una frase frecuente. La han pronunciado unos cuantos presidentes que después han salido vivos, para seguir pronunciándola. Pero esa bala no mintió.
La bala de Salvador Allende no mintió.Paradójicamente, una de las principales avenidas de Santiago de Chile se llama, todavía, Once de Setiembre. Y no se llama así por las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York. No. Se llama así en homenaje a los verdugos de la democracia en Chile.
Con todo respeto por ese país que amo, me atrevo a preguntar, por puro sentido común: ¿No sería hora de cambiarle el nombre?
¿No sería hora de llamarla Avenida Salvador Allende, en homenaje a la dignidad de la democracia y a la dignidad de la palabra?
Nota: Allende se suicidó sin entregarse.
Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo?
Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.
Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía?
¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?
Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias. Pero quiero culminar este viajecito por las tierras de la región, evocando a un hombre nacido, como yo, por aquí cerquita.
Nota: Galeano es uruguayo como Artigas, a quién se refiere.
Paradójicamente, él murió hace un siglo y medio pero sigue siendo mi compatriota más peligroso. Tan peligroso es que la dictadura militar del Uruguay no pudo encontrar ni una sola frase suya que no fuera subversiva, y tuvo que decorar con fechas y nombres de batallas el mausoleo que erigió para ofender su memoria.A él, que se negó a aceptar que nuestra patria grande se rompiera en pedazos; a él, que se negó a aceptar que la independencia de América fuera una emboscada contra sus hijos más pobres, a él, que fue el verdadero primer ciudadano ilustre de la región, dedico esta distinción, que recibo en su nombre.
Y termino con palabras que le escribí hace algún tiempo:
“1820, Paso del Boquerón.
Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio.
Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto, y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.
Usted no dice adiós a su tierra: Ella no se lo creería.
O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.
Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido.
Y su tierra se queda sin aliento.”
¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda? Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta.
Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.
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