NUEVO ESPACIO PARA COMPARTIR

En esta foto se ven las montañas "abriendo sus puertas" para que entre la ruta y el río juntos al pueblo, quizás el más lindo de la Argentina, colgado al pie de esa piedra impresionante que es el cerro Fitz Roy.
Ese pueblo que nos invita a pasar es El Chaltén, en la patagónica Santa Cruz.
Esta página, es como esa puerta, que permite mirar en el lugar en que subo algunas de las cosas de mi archivo personal, que me acompaña a todas partes. La mayor parte de ellas, pertenecen a otra gente; otras, las menos, son propias.
Algunas, a algunos cercanos a mi vida, a mis afectos. A una parte de ellas, algunos hábiles talentosos les han puesto música.
Otras no la precisan.
Seguiré buscando y subiendo otras cosas por allí, nuevas y no tanto, las que de a poco se irán haciendo mías también.
Espero que las disfruten tanto como las disfruto yo.
Y si quieren subir algún comentario, será bienvenido..!
(rt)




miércoles, enero 12, 2011

CANCIÓN DE LAS SIMPLES COSAS, de Armando Tejada Gómez y César Isella

Uno se despide, insensiblemente, de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol, en tiempos de otoño, muere por sus hojas.
Al fin, la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples, las devora el tiempo.
Espérame aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás, con el pan, al sol, la mesa servida.
Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

SOCIEDAD DE DERECHOS, de Camilo Blajaquis

La función de la sociedad no es otra
que alejarte de todo lo que exalta lo sublime
y adora ignorar esa rabia cultural
que es una gran arma de transformación masiva.
Es que en sociedad, lo único que se logra
es que se te contaminen las venas,
las ideas y los desahogos.
Todo lo urbano te perfora cada gramo
de conciencia y voluntad de torcer.
La única capacidad, única responsabilidad
y la única obligación que tiene la sociedades
mantener este reino de lo impotente
este cruel régimen de lo anti-natural.
Todos van guiados por rayos monetarios.
Las mentes son un eco eterno de clink-cajas
Y así se aleja ofendida la vida originaria.
Esa que no depende de adorar la obediencia
Y que detesta a ese eterno opresor disfrazado de moral.

TOMAMOS MATE...?, de Lalo Mir, por radio MItre, en "Lalo Bla Bla"

El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda "¿unos mates?".
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?". El otro responde: "Como tomes vos".
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre.
Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.
La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre, ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores... Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!".
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?".
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

¿TE SENTISTE INCLUÍDO?.... compartilo entonces con quienes alguna vez tomaste un mate.

TALARA, de Nicomedes Santa Cruz (Zona petrolífera del sur del Perú)

Talara, no digas "yes", mira al mundo cara a cara.
Soporta tu desnudez... y no digas "yes", Talara.
Mi raza, al igual que tú tiene sus zonas ajenas:
tú por petróleo en tus venas, yo por ser como Esaú.
A veces no es el Perú lo que está bajo tus pies.
Yo a veces cojo la mies para que otro se la coma.
Si sólo es nuestro el idioma Talara, no digas "yes".
Lo que ganas y te dan, recíbelo sin orgullo:
es un diezmo de lo tuyo, es migaja de tu pan.
Y si acaso un holgazán a patriota te retara,
deja que siga la piara en su cuadrúpeda insidia;
si el mundo entero te envidia, mira al mundo cara a cara.
Pero cuando tus entrañas ya no tengan más que dar,
y no haya qué perforar en tu mar ni en tus montañas;
cuando lagartos y arañas a la "rotaria" hagan prez;
cuando la actual fluidez se extinga como el ocaso,
contra el viento de "El Tablazo" soporta tu desnudez.
Ese día está lejano y ojalá no llegue nunca.
Más como todo se trunca pensemos en todo, hermano:
Si te dedicas al grano yo te traeré agüita clara,
y si en el desierto se ara te serviré de semilla,
y no dobles la rodilla.., y no digas "yes", Talara.

NO HAY JUSTICIA PARA LOS POBRES EN AMÉRICA, de Horacio Sacco

"¡No hay justicia para los pobres en América! ¡Oh, compañeros míos, continuad vuestra gran batalla! ¡Luchad por la gran causa de la libertad y de la justicia para todos! ¡Este horror debe terminar! Mi muerte ayudará a la gran causa de la humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas, altivamente, protestando hasta lo último contra la injusticia.
Por eso muero y estoy orgulloso de ello! No palidezco ni me avergüenzo de nada; mi espíritu es todavía fuerte. Voy a la muerte con una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que no será destruida..."
                                                                                                                                     Nicola Sacco

Este es un pequeño homenaje a la memoria de Nicola Sacco, italiano, militante anarquista, zapatero y padre de familia, injustamente acusado junto a Bartolomeo Vanzetti de un crímen que jamás cometieron, por lo cual fueron ejecutados en la silla eléctrica en 1927. Desde entones sus nombres quedarían indisolublemente unidos en la memoria colectiva como expresión de indignación ante la injusticia. Aunque Sacco y Vanzetti hubieran cometido realmente aquel delito, no terminarían en la silla eléctrica por ello sino en su condición de POBRES, EXTRANJEROS Y ANARQUISTAS.
En 1977 -cincuenta años después de la ejecución- el Estado de la Unión se excusó públicamente por las graves fallas cometidas durante el proceso a Sacco y Vanzetti, proclamó su total y absoluta inocencia, y pidió históricas disculpas, salvando "el buen nombre y honor" de los mártires.
No hacía ninguna falta: Sacco y Vanzetti habitan la memoria de los pueblos, como símbolo y bandera de todo movimiento de liberación y del anarquismo internacional. Los pueblos no creen en historias oficiales.

SI DIOS FUERA UNA MUJER, de Mario Benedetti

¿Y si Dios fuera mujer?... pregunta Juan sin inmutarse…
Vaya, vaya, si Dios fuera mujer es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce, su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol, sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno, con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico, y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío..! Si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer, qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible, prodigiosa blasfemia..!!!

NOCHEBUENA, de Eduardo Galeano

Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse.
En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás.
En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte, y esos ojos que pedían disculpas, o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a... -susurró el niño- Decile a alguien, que yo estoy aquí…!