Por las noches, cara sucia de angelito con bluyín, vende rosas por las mesas del boliche de Bachín.
Si la luna brilla sobre la parrilla, come luna y pan de hollín.
Cada día en su tristeza, que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero con la estrella del revés,
y tres reyes magos roban sus zapatos, uno izquierdo y el otro ¡también!
Chiquilín, dame un ramo de vos, así salgo a vender mis vergüenzas en flor.
Baleame con tres rosas que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí, Chiquilín.
Cuando el sol pone a los pibes delantales de aprender,
él aprende cuánto cero le quedaba por saber.
Y a su madre mira, yira que te yira, pero no la quiere ver.
Cada aurora, en la basura, con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño, niño de mil años, que por dentro le enreda el piolín.
NUEVO ESPACIO PARA COMPARTIR
En esta foto se ven las montañas "abriendo sus puertas" para que entre la ruta y el río juntos al pueblo, quizás el más lindo de la Argentina, colgado al pie de esa piedra impresionante que es el cerro Fitz Roy.
Ese pueblo que nos invita a pasar es El Chaltén, en la patagónica Santa Cruz.
Esta página, es como esa puerta, que permite mirar en el lugar en que subo algunas de las cosas de mi archivo personal, que me acompaña a todas partes. La mayor parte de ellas, pertenecen a otra gente; otras, las menos, son propias.
Algunas, a algunos cercanos a mi vida, a mis afectos. A una parte de ellas, algunos hábiles talentosos les han puesto música.
Otras no la precisan.
Seguiré buscando y subiendo otras cosas por allí, nuevas y no tanto, las que de a poco se irán haciendo mías también.
Espero que las disfruten tanto como las disfruto yo.
Y si quieren subir algún comentario, será bienvenido..!
(rt)
Ese pueblo que nos invita a pasar es El Chaltén, en la patagónica Santa Cruz.
Esta página, es como esa puerta, que permite mirar en el lugar en que subo algunas de las cosas de mi archivo personal, que me acompaña a todas partes. La mayor parte de ellas, pertenecen a otra gente; otras, las menos, son propias.
Algunas, a algunos cercanos a mi vida, a mis afectos. A una parte de ellas, algunos hábiles talentosos les han puesto música.
Otras no la precisan.
Seguiré buscando y subiendo otras cosas por allí, nuevas y no tanto, las que de a poco se irán haciendo mías también.
Espero que las disfruten tanto como las disfruto yo.
Y si quieren subir algún comentario, será bienvenido..!
(rt)
lunes, noviembre 15, 2010
EL POLACO, de Horacio Ferrer
Porteño, flaco y rubio, te dicen El Polaco. Tal vez fuiste morocho y el alba te peinó
con lágrimas de luna, muy niño, en aquel patio,
dolor que en una orquesta de mirlos debutó.
Del sótano del alma te sobreviene el canto.
El ángel del asfalto florece en tu temblor.
Y cuando el fueye arrea su vendaval de infarto,
el Tango es una curda poética en tu voz.
¡Tu cara de reloj de arena!...
La ropa, ¡que te duele en serio!
Tu gracia de afinar los versos
siempre fiel a la milonga de tus dichas y tus penas.
En éxtasis de amor troileano,
los duendes del Gotán no han muerto;
Roberto, prestales tu misterio:
que vibren, gocen, vuelvan, sufran y amen, che, Polaco,
igual que vos.
Porteño, flaco y rubio, te dicen El Polaco.
Polaco, hermano mío, vení, cantá, ¿no ves?,
que en tu talento sueña la noche fantaseando
un loco valsecito de Expósito y Chopin.
En tanto el telegrama compadre de tus tacos
confiesa: "Si me muero de amor, reviviré...",
la estética de un beso te sangra entre los labios
y salen las palabras enamorándose.
con lágrimas de luna, muy niño, en aquel patio,
dolor que en una orquesta de mirlos debutó.
Del sótano del alma te sobreviene el canto.
El ángel del asfalto florece en tu temblor.
Y cuando el fueye arrea su vendaval de infarto,
el Tango es una curda poética en tu voz.
¡Tu cara de reloj de arena!...
La ropa, ¡que te duele en serio!
Tu gracia de afinar los versos
siempre fiel a la milonga de tus dichas y tus penas.
En éxtasis de amor troileano,
los duendes del Gotán no han muerto;
Roberto, prestales tu misterio:
que vibren, gocen, vuelvan, sufran y amen, che, Polaco,
igual que vos.
Porteño, flaco y rubio, te dicen El Polaco.
Polaco, hermano mío, vení, cantá, ¿no ves?,
que en tu talento sueña la noche fantaseando
un loco valsecito de Expósito y Chopin.
En tanto el telegrama compadre de tus tacos
confiesa: "Si me muero de amor, reviviré...",
la estética de un beso te sangra entre los labios
y salen las palabras enamorándose.
AFICHES, de Homero Expósito
Cruel en el cartel, la propaganda manda cruel en el cartel y en el fetiche de un afiche de papel se vende la ilusión,
se rifa el corazón.
Y apareces tú vendiendo el último jirón de juventud,
cargándome otra vez la cruz.
¡Cruel en el cartel, te ríes, corazón!
¡Dan ganas de balearse en un rincón!
Ya da la noche a la cancel su piel de ojera.
Ya moja el aire su pincel y hace con él la primavera.
¿Pero qué? si están tus cosas pero tú no estás,
porque eres algo para todos, como un desnudo de vidriera.
¡Luché a tu lado, para ti, por Dios, y te perdí!
Yo te di un hogar. ¡Siempre fui pobre, pero yo te di un hogar!
Se me gastaron las sonrisas de luchar, luchando para ti,
sangrando para ti.
Luego la verdad, que es restregarse con arena el paladar
y ahogarse sin poder gritar.
Yo te di un hogar... -¡fue culpa del amor!-
¡Dan ganas de balearse en un rincón!
se rifa el corazón.
Y apareces tú vendiendo el último jirón de juventud,
cargándome otra vez la cruz.
¡Cruel en el cartel, te ríes, corazón!
¡Dan ganas de balearse en un rincón!
Ya da la noche a la cancel su piel de ojera.
Ya moja el aire su pincel y hace con él la primavera.
¿Pero qué? si están tus cosas pero tú no estás,
porque eres algo para todos, como un desnudo de vidriera.
¡Luché a tu lado, para ti, por Dios, y te perdí!
Yo te di un hogar. ¡Siempre fui pobre, pero yo te di un hogar!
Se me gastaron las sonrisas de luchar, luchando para ti,
sangrando para ti.
Luego la verdad, que es restregarse con arena el paladar
y ahogarse sin poder gritar.
Yo te di un hogar... -¡fue culpa del amor!-
¡Dan ganas de balearse en un rincón!
jueves, noviembre 11, 2010
DE BARRO, de Homero Manzi
Estoy mirando mi vida en el cristal de un charquito
y pasan mientras medito las horas perdidas, los sueños marchitos.
Y están tus ojos queridos en el espejo de barro,
fantasma de mi cigarro, reproche y olvido, condena y perdón.
Vuelven tus ojos lejanos con el llanto de aquel día,
pensar que puse en tus manos una culpa que era mía.
Pensar que no te llamé, y me alegré mientras estabas penando,
Pensar que no te seguí, y me reí, cuando te fuiste llorando.
Y hoy que no vale mi vida ni este pucho del cigarro,
recién sé que son de barro el desprecio y el rencor.
Así, midiendo tu pena, noches y noches consumo
buscando ver en el humo del pucho que fumo tu imagen serena.
Y al encontrarte perdida entre cigarro y cigarro,
sé que fue todo de barro, de barro mi vida, de barro mi amor.
y pasan mientras medito las horas perdidas, los sueños marchitos.
Y están tus ojos queridos en el espejo de barro,
fantasma de mi cigarro, reproche y olvido, condena y perdón.
Vuelven tus ojos lejanos con el llanto de aquel día,
pensar que puse en tus manos una culpa que era mía.
Pensar que no te llamé, y me alegré mientras estabas penando,
Pensar que no te seguí, y me reí, cuando te fuiste llorando.
Y hoy que no vale mi vida ni este pucho del cigarro,
recién sé que son de barro el desprecio y el rencor.
Así, midiendo tu pena, noches y noches consumo
buscando ver en el humo del pucho que fumo tu imagen serena.
Y al encontrarte perdida entre cigarro y cigarro,
sé que fue todo de barro, de barro mi vida, de barro mi amor.
lunes, noviembre 08, 2010
CANCIÓN DE LAS SIMPLES COSAS, de César Isella
Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol en tiempos de otoño muere por sus hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples, las devora el tiempo.
Demorate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás, con el pan al sol, la mesa servida.
Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.
lo mismo que un árbol en tiempos de otoño muere por sus hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples, las devora el tiempo.
Demorate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás, con el pan al sol, la mesa servida.
Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.
martes, noviembre 02, 2010
LEVÁNTATE Y CANTA, de Héctor Negro y César Isella
Si algún golpe de suerte a contrapelo a contrasol, a contraluz, a contravida, te torna pájaro que quiebra el vuelo y te revuelca con el ala herida.
Y hay tanto viento para andar las ramas, tanto celeste para echarse encima
y pese a todo vuelve la mañana, y está el amor, que su milagro arrima.
Por qué caerse y entregar las alas?
Por qué rendirse y manotear las ruinas?
si es el dolor al fin, quien nos iguala
y la esperanza quien nos ilumina.
Si hay un golpe de suerte a contrapelo, a contrasol, a contraluz, a contravida,
abrí los ojos y tragate el cielo sentite fuerte y empujá hacia arriba.
Y hay tanto viento para andar las ramas, tanto celeste para echarse encima
y pese a todo vuelve la mañana, y está el amor, que su milagro arrima.
Por qué caerse y entregar las alas?
Por qué rendirse y manotear las ruinas?
si es el dolor al fin, quien nos iguala
y la esperanza quien nos ilumina.
Si hay un golpe de suerte a contrapelo, a contrasol, a contraluz, a contravida,
abrí los ojos y tragate el cielo sentite fuerte y empujá hacia arriba.
viernes, octubre 29, 2010
GOL DE SANFILIPPO, carta de Osvaldo Soriano a Eduardo Galeano
Te cuento que el otro día estuve en el supermercado «Carrefour», donde antes estaba la cancha de San Lorenzo.
Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, que fue goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas.
Caminamos entre las góndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos.
De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice:
«Pensar que acá se la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca».
Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice:
«Fue el gol más rápido de la historia».
Concentrado, como esperando un córner, me cuenta:
«Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido, me mandás un pelotazo al área. No te calentés que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevilla se llamaba, se asustó, pensó: a ver sino cumplo».
Y ahí nomás Sanfilippo me señala la pila de frascos de mayonesa y grita:
«¡Acá la puso!».
La gente nos mira, azorada.
«La pelota me cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde está el arroz, ¿ ve ?» -me señala el estante de abajo, y de golpe corre como un conejo a pesar del traje azul y los zapatos lustrados-:
«La dejé picar y ¡ plum !».
Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las pilas para radio y las hojitas de afeitar.
Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar.
El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de 1962, nada más que para que yo pudiera verlo...!!"
Fui con José Sanfilippo, el héroe de mi infancia, que fue goleador de San Lorenzo cuatro temporadas seguidas.
Caminamos entre las góndolas, rodeados de cacerolas, quesos y ristras de chorizos.
De pronto, mientras nos acercamos a las cajas, Sanfilippo abre los brazos y me dice:
«Pensar que acá se la clavé de sobrepique a Roma, en aquel partido contra Boca».
Se cruza delante de una gorda que arrastra un carrito lleno de latas, bifes y verduras y dice:
«Fue el gol más rápido de la historia».
Concentrado, como esperando un córner, me cuenta:
«Le dije al cinco, que debutaba: no bien empiece el partido, me mandás un pelotazo al área. No te calentés que no te voy a hacer quedar mal. Yo era mayor y el chico, Capdevilla se llamaba, se asustó, pensó: a ver sino cumplo».
Y ahí nomás Sanfilippo me señala la pila de frascos de mayonesa y grita:
«¡Acá la puso!».
La gente nos mira, azorada.
«La pelota me cayó atrás de los centrales, atropellé pero se me fue un poco hasta ahí, donde está el arroz, ¿ ve ?» -me señala el estante de abajo, y de golpe corre como un conejo a pesar del traje azul y los zapatos lustrados-:
«La dejé picar y ¡ plum !».
Tira el zurdazo. Todos nos damos vuelta para mirar hacia la caja, donde estaba el arco hace treinta y tantos años, y a todos nos parece que la pelota se mete arriba, justo donde están las pilas para radio y las hojitas de afeitar.
Sanfilippo levanta los brazos para festejar. Los clientes y las cajeras se rompen las manos de tanto aplaudir. Casi me pongo a llorar.
El Nene Sanfilippo había hecho de nuevo aquel gol de 1962, nada más que para que yo pudiera verlo...!!"
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